Etapas en las novelas de Galdós

Sábado, 12 de Diciembre de 2009 01:59 Taller de literatura - Actividades para clase
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La producción novelística de Benito Pérez Galdós (1843-1920) está bien estudiada y por ello suelen establecerse tres períodos básicos en su desarrollo:Benito Pérez Galdós

  1. Novelas de tesis, de tipo reformista y liberal, presentadas como alegatos contra la sempiterna cerrazón hispánica.
  2. Novelas contemporáneas o de retrato social, al más puro estilo realista.
  3. Novelas espiritualistas, centradas en el afán redentor y los valores éticos defendidos por los personajes protagonistas.

Para saber más, siempre conviene darse una vuelta por la página del Centro Virtual Cervantes y consultar la página dedicada a Galdós en su Biblioteca de autor: Benito Pérez Galdós.

En la tabla siguiente se puede observar un resumen esquemático de estas características:

ETAPAS TEMAS
AMBIENTACIÓN
 PERSONAJESTÉCNICAS LITERARIAS
 

PRIMERA ETAPA

Novelas de tesis
 

De tipo abstracto:

la intransigencia y el fanatismo.
 

Preferentemente, pueblos inventados por el autor en la zona norte de España.

Época próxima a la juventud del autor, pero sin concretar mucho.
De clase social alta: nobles o empresarios ricos.

Argumento habitual: una pareja de jóvenes enamorados no pueden ser felices por diferencias sociales o religiosas de una de las familias. Preferencia por un final infeliz.

Narrador: Omnisciente. Sabe lo que piensan los personajes, opina sobre ellos, etc.
 

SEGUNDA ETAPA

Novelas contemporáneas
 

Concretos:

retrato de la sociedad española después de la Revolución de 1868.

Madrid, sobre todo.

Especialmente la década de 1860 a 1870.

Especialmente, de clases medias: funcionarios, profesores, médicos, oficinistas, etc.

Argumentos muy variados, llenos de acciones secundarias. Los personajes de unas novelas reaparecen en otras. Finales a menudo abiertos.

Narradores: muy variados. Omniscientes, autobiográficos o testigos (que cuentan la vida de un familiar).
 

TERCERA ETAPA

Novelas espiritualistas
 

Abstractos:

la solidaridad humana.
A veces Madrid, pero preferentemente pueblos manchegos.

Personas arruinadas que viven de la caridad.

Personas acomodadas que  renuncian a sus privilegios.

Abundan grupos de indigentes recogidos en instituciones benéficas. También, personajes que perdonan ofensas graves y renuncian a la venganza. Finales “felices” a su manera.

Narrador objetivo (no opina, no incluye pensamientos ocultos de los personajes). A veces, desaparece el narrador en novelas dialogadas.

En las páginas que siguen se invita a buscar los rasgos de la tabla anterior en una serie de fragmentos de novelas de diferentes etapas. Como conclusión, se pide deducir la época a la que pertenece cada texto. Ten en cuenta que están desordenados, pero que hay dos ejemplos de cada etapa. La solución, al final.


TEXTO 1

Mis primeras impresiones fueron de grata sorpresa en lo referente al aspecto de Madrid, donde yo no había estado desde los tiempos de González Bravo. Causábanme asombro la hermosura y amplitud de las nuevas barriadas, los expeditivos medios de comunicación, la evidente mejora en el cariz de los edificios, de las calles y aun de las personas, los bonitísimos jardines plantados en las antes polvorosas plazuelas, las gallardas construcciones de los ricos, las variadas y aparatosas tiendas, no inferiores [...] a las de París o Londres, y, por fin, los muchos y elegantes teatros para todas las clases, gustos y fortunas. Esto y otras cosas que observé después en sociedad, hiciéronme comprender los bruscos adelantos que nuestra capital había realizado desde el 68 [...]. En una palabra, me daba en la nariz cierto tufillo de cultura europea, de bienestar y aun de riqueza y trabajo.

Mi tío era un agente de negocios muy conocido en Madrid. En otros tiempos desempeñó cargos de importancia en la Administración; fue primero cónsul; después, agregado de Embajada; más tarde, el matrimonio le obligó a fijarse en la Corte; sirvió algún tiempo en Hacienda [...], y, al final, las necesidades de su familia le estimularon a la mezquina seguridad de un sueldo, por las aventuras y esperanzas de un trabajo libre. Tenía moderada ambición, rectitud, actividad, inteligencia, muchas relaciones; dedicóse a agenciar asuntos diversos, y al poco tiempo de andar en esos trotes se felicitaba por ello y de haber dado carpetazo a los expedientes. De ellos vivía, no obstante, despertando los que dormían en los archivos, impulsando a los que se estacionaban en las mesas, enderezando como podía el camino de algunos que iban algo descarriados.


TEXTO 2

Ved con cuánta tranquilidad se consagra a la escritura doña Perfecta. Penetrad en su cuarto sin reparar en lo avanzado de la hora, y la sorprenderéis en grave tarea, compartiendo su espíritu entre la meditación y unas largas y concienzudas cartas que traza a ratos con segura pluma y correctos perfiles. Dale de lleno en el rostro, busto y manos, la luz del quinqué […]. Doña Perfecta era hermosa, mejor dicho, era todavía hermosa, conservando en su semblante rasgos de acabada belleza. La vida del campo, la falta absoluta de presunción, el no vestirse, el no acicalarse, el odio a las modas, el desprecio de las vanidades cortesanas, eran causa de que su nativa hermosura no brillase o brillase muy poco. También la desmejoraba la intensa amarillez de su rostro, indicando una fuerte constitución biliosa.

Negros y rasgados los ojos, fina y delicada la nariz, ancha y despejada la frente, todo observador la consideraba como acabado tipo de la humana figura; pero había en aquellas facciones cierta expresión de dureza y soberbia que eran causa de antipatía. Su mirar, aun acompañado de bondadosas palabras, ponía entre ella y las personas extrañas la infranqueable distancia de un respeto receloso; mas para la casa, es decir, para sus deudos, parciales y allegados, tenía una singular atracción. Era maestra en dominar, y nadie la igualó en el arte de hablar el lenguaje que mejor cuadraba a cada oreja.

Su hechura biliosa, y el comercio excesivo con personas y cosas devotas, que exaltaban sin fruto ni objeto su imaginación, habíanla envejecido prematuramente, y siendo joven, no lo parecía. […] Doña Perfecta salía pocas veces de su concha. Sus costumbres intachables, y la bondad pública que hemos observado en ella desde el momento de su aparición en nuestro relato, eran causa de su gran prestigio en Orbajosa. Sostenía además relaciones con excelentes damas de Madrid, y por este medio consiguió la destitución de su sobrino.


TEXTO 3

EL CONDE: Y ahora, Pío, ¿qué harías si te dan a elegir entre el honor y el amor? ¿Qué harás?

DON PÍO (sollozando): Escojo el amor… el amor mío, porque el ajeno lo desconozco. Nadie me ha querido, lo juro por la laguna Estigia.

EL CONDE: Eres tan infeliz como yo dichoso, pobre Pío. (Con resolución, incorporándose) Vámonos.

DON PÍO: ¿A dónde?

EL CONDE: A pedir hospitalidad a cualquiera de mis antiguos colonos. Son pobres, pero a Dolly no le importa la pobreza.

DOLLY: Con mi cariño, te haré rico.


TEXTO 4

Aquel nobilísimo oficio le daba mucho que hacer en sus comienzos, porque tenía que aprender por la noche lo que había de enseñar al día siguiente: trabajo ingrato y penoso que fatigaba su memoria sin recrear su entendimiento. Todo lo enseñaba Polo según el método que él empleaba en aprenderlo; mejor dicho, Polo no enseñaba nada: lo que hacía era introducir en la mollera de sus alumnos, por una operación que podríamos llamar "inyectocerebral", cantidad de fórmulas, definiciones, reglas, generalidades y recetas científicas, que luego se quedaban dentro indigeridas y fosilizadas, embarazando la inteligencia sin darla un átomo de sustancia ni dejar fluir ideas propias, bien así como las piedras que obstruyen el conducto de una fuente.

[...] Habiéndose metido, por la fatalidad de los tiempos y de las circunstancias, a instruir muchachos, los instruía por los modos y estilo que Napoleón utilizó en domar naciones. Y no comprendía Pedro Polo la enseñanza de otra manera. Se le representaba el entendimiento de un niño como un castillo que debía ser embestido y tomado a viva fuerza, y a veces por sorpresa. La máxima antigua de "la letra con sangre entra" tenía dentro del magín de Polo la fijeza de uno de esos preceptos intuitivos y primordiales del genio militar que en otro orden de cosas han producido hechos tan sublimes. Así, cuando, movido de su convicción profundísima, descargaba los nudillos sobre el cráneo de un alumno rebelde, esta cruel enseñanza iba acompañada de la idea de abrir un agujero por donde a la fuerza había de entrar el tarugo intelectual que allí dentro faltaba. Los pellizcos de sus acerados dedos eran como punturas por las cuales se hacían, a través de la piel, inyecciones de sabiduría alcaloide de los libros de texto.


TEXTO 5

La mujer de negro vestida, más que vieja, envejecida prematuramente [...] acudía a la mendicidad por lapsos de tiempo más o menos largos, y a lo mejor desaparecía, sin duda por encontrar un buen acomodo o almas caritativas que la socorrieran. Respondía al nombre de la "señá Benina" (de lo cual se infiere que Benigna se llamaba), y era la más callada y humilde de la comunidad [...]. Jamás importunaba a los parroquianos que entraban o salían; en los repartos, aun siendo leoninos, nunca formuló protestas [...].

Tenía Benina voz dulce, modos hasta cierto punto finos y de buena educación, y su rostro moreno no carecía de cierta gracia que, manoseada ya por la vejez, era una gracia borrosa y apenas perceptible. Más de la mitad de la dentadura conservaba. Sus ojos, grandes y oscuros, apenas tenían el ribete rojo que impone la edad y los fríos matinales. Su nariz destilaba menos que las de sus compañeros de oficio, y sus dedos, rugosos y de abultadas coyundas, no terminaban en uñas de cernícalo. Eran sus manos como de lavandera, y aún conservaba hábitos de aseo. Usaba una venda negra bien ceñida a la frente; sobre ella pañuelo negro, y negros el manto y el vestido, algo mejor apañaditos que los de las demás ancianas. Con este pergenio y la expresión sentimental y dulce de su rostro, todavía bien compuesto de líneas, parecía una Santa Rita de Casia [...]. Faltábale sólo el crucifijo y la llaga en la frente, si bien podría creerse que hacía las veces de ésta el lobanillo del tamaño de un garbanzo, redondo, cárdeno, situado como a media pulgada más arriba del entrecejo.


TEXTO 6

Era Sofía una excelente señora, de regular belleza, cada día reducida a menor expresión por una tendencia lamentable a la obesidad. Le habían dicho que la atmósfera del carbón de piedra enflaquecía, y por eso fue a vivir a las minas [...]. Por lo demás, aquella atmósfera, saturada de polvo de calamina y de humo, causábale no poco disgusto. No tenía hijos, y su principal ocupación consistía en tocar el piano y en organizar asociaciones benéficas de señoras para socorros domiciliarios y sostenimiento de hospitales y escuelas. En Madrid, y durante buena porción de años, su actividad había hecho prodigios, ofreciendo ejemplos dignos de imitación a todas las almas aficionadas a la caridad. Ayudada de dos o tres señoras de alto linaje, igualmente amantes del prójimo, había logrado celebrar más de veinte funciones dramáticas, otros tantos bailes de máscaras, seis corridas de toros y dos de gallos, todo en beneficio de los pobres.

Entre sus vehemencias, que solían ser pasajeras, contábase una que quizá no sea tan recomendable como aquella de socorrer a los menesterosos, y consistía en rodearse de perros y gatos, poniendo en estos animales un afecto que al mismo amor se parecía. Últimamente [...], tenía un "toy terrier" que por encargo le había traído de Inglaterra Ulises Bull, jefe del taller de maquinaria. Era un galguito fino y elegante, delicado y mimoso como un niño. Se llamaba "Lili" y había costado en Londres doscientos duros.

Los Golfines paseaban en los días buenos; en los días malos tocaban el piano o cantaban, pues Sofía tenía cierto chillido que podía pasar por canto en Socartes. El ingeniero segundo tenía voz de bajo; Teodoro también era bajo profundo; Carlos, allá se iba; de modo que armaban una especie de coro de sacerdotes, en el cual descollaba la voz de Sofía como sacerdotisa a quien van a llevar al sacrificio.


SOLUCIONES

Primera etapa: 2 (Doña Perfecta) y 6 (Marianela).

Segunda etapa: 1 (Lo prohibido) y 4 (El Doctor Centeno).

Tercera etapa: 3 (El Abuelo) y 5 (Misericordia).

Jesús Pastor Martín

IES La Albuera (Segovia)

Última actualización el Sábado, 12 de Diciembre de 2009 03:01